Esta madrugada, mientras descansaba, has pasado por mi casa. Con el paso lento y el aliento corto, para no despertarme. Te deslizaste a la vera de mi balcón. Yo dormía, pero te vi en sueños pasar silencioso: estabas muy pálido y tus ojos me miraban tristemente, como la última vez que te vi. Te veo al día siguiente, y mis pensamientos son constantes hacia tí. No puedo besarte, ni siquiera decirte un "hola".
Al día siguiente de aquella tarde, volví sola al sitio donde estuvimos los dos una tarde cuando ya oscurecía. Busqué, inútilmente, sobre la tierra húmeda, el rastro de nuestros pasos.
A media noche, envuelta con ropas oscuros para no ser advertida, paseé cerca de tu casa. Iba y venía. Tus persianas, tus puertas cerradas... Como un ladrón en puntillas, me acerqué, una, dos y hasta tres veces, para tocar las paredes que te protegían.
A media noche, envuelta con ropas oscuros para no ser advertida, paseé cerca de tu casa. Iba y venía. Tus persianas, tus puertas cerradas... Como un ladrón en puntillas, me acerqué, una, dos y hasta tres veces, para tocar las paredes que te protegían.
¿Cuánto tiempo hace ya que te has ido? No lo recuerdo casi. Los días bajan, unos tras otros.
No volverás. Aún tengo esperanza, pero sé que no volverás. Sigo mirando tu foto, aquella que te quité disimuladamente cuando nuestros sentimientos aún vivían.
Quizás algún día, dentro de unos años, me sienta capaz de volver la vista atrás hacia esos pocos meses que siempre consideraré los mejores de mi vida. Ya ese día, estoy segura de que me sentiré agradecida por todo aquel tiempo que me diste, más de lo que yo pedí y más de lo que me merecía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario